jueves, 7 de marzo de 2013

p.-


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Soberano de mis días domingos, portero de las madrugadas en las que no duermo; propietario de mis horas a.m. Pan batido de los desayunos que no tomaba hasta su arribo. Invisible de lo cotidiano, empresario de las sorpresas y mis risas, de mi atención, del asombro y el oído a sus historias, a lo mucho que sabe, a todo lo que me enseña.
Amigo indispensable del abrazo que le negaron otros, mismo que le doy con una soltura que se ha ganado sin yo darme cuenta; a pulso de su aire de tranquilidad paternal, su olor a hora de sueño, y su beso en la frente.
Mis ocho contra sus ochenta, su bolso pesado lleno de trabajo al lado de mi mochila llena de chacharachas.-
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domingo, 3 de marzo de 2013

una falta de respeto


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La molesto cada cierto tiempo, cuando pasan un par de años; aunque a veces son meses solamente, pero le hago creer que es por culpa de ella. La verdad es que cuando me preguntó, que qué me había pasado, no tuve otra que responderle que me había perdido; pero no le dije que por eso la busco, porque si bien nunca supe si la amé, la amo, o la amaré, ella es la única que me trae de vuelta a mi versión más cómoda; ella es como yo, es como si le hubiese dejado o le hubiese enseñado de a poco cómo es estar triste todo el puto tiempo, y aun así a disfrutarlo, cómo vivir en una angustia permanente y aun así poder reír con poco o casi nada.
A ella, a quien le falto el respeto constantemente, por no quererla, no respetarla, cuando sólo supo enseñarme cómo andar por ahí, pasando todo por alto. A ella, a quien le debo más de una comida decente.
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Y cuando pasen los años, se van a encontrar en la calle, con las derrotas ya en el cuerpo, y sin nada que perder, con mucho que contar, y con los días en adelante.-


lunes, 18 de febrero de 2013

un hombre grande


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Él ronca, habla poco de cansado, pero lo cuenta todo en servicio de mi cara de asombro. Él ronca; a mi lado como la demostración máxima de una confianza que no deposita en las guapas mujeres que lo pretenden. Según él, no por la cara y el cuerpo hermoso que la vida le negó, sino por ese don de la palabra – y la billetera- que han hecho de él un Don Juan post moderno.
Bastantes son los días que me alejan de la primera vez que lo vi; a sabiendas de quien era, por el detallado que me habían entregado en su honor; mal hombre, desalmado, desgraciado, descorazonado. A título muy personal: discreto, vividor, único, brillante, inolvidable; como los relatos de su libro, como las letras que se le dan con talento utópico. Él no lee lo suficiente, él escucha demasiado; dándose tregua en mi presencia, para contármelo todo, para describirme el mundo excéntrico en el que se ha movido desde que el apellido poblado de consonantes, grande y extranjero no le sirvió como para salir de la miseria que se vivía cerro arriba.
Él ronca, él duerme, es breve y austero, esporádico y singular; él vive, sobre todo vive, para contármelo antes de caer, para entibiar en medida de lo que puede, la frialdad de su lujo más nuevo: mis piernas, y mi eterna juventud, ya que sabe, que el corazón del que promete escribir algún día, se lo entregué a otro, y no lo he pedido de vuelta, no porque no quiera, sino porque no puedo.
Escribir de él, es casi imposible, no hay letra que le haga justicia, no hay frase que sea amable con ese paso tan único y silencioso que tiene por el mundo; mismo mundo del que cree que se irá joven, pero satisfecho consigo mismo.
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miércoles, 6 de febrero de 2013

prefacio.-


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Mi abuelo tiene alzheimer  y lo más probable es que en los genes que me cedió venga el regalito de la juventud forzada y a ratos indigna, degenerativa y lastimosa- aunque una vez leí que la dignidad reside en la mente y no en lo tangible; era un texto de un hombre judío, médico creo que era, estaba en un campo de concentración alemán, pelaba papas todos los días, le sacaban la mugre a palos a pito de nada, no lo alimentaban, dormía un par de horas e insistían en mojarlo durante las horas de sueño, en su caso, de pernoctación. El asunto es que este jamás dejó de ser un médico, jamás dejó de sentirse superior a sus castigadores, gozaba y practicaba la soberbia, tal cual lo hacía en sus días de traje y corbata, escalpelo y bisturíes – el por qué menciono esto, es porque mi tata a ratos sigue siendo el hombre altanero y fachoso que conocí a los cuatro años, nadie le ha robado su dignidad, ni siquiera cuando no controla lo básico, como sus idílicas idas al baño. Ahora, por qué yo hago esto. Por qué no quiero que se me olviden ellos, no quiero que se me olvide nada.
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martes, 1 de enero de 2013

primera persona singular


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Más yo, menos ella. Una bicicleta, roja con esos puntos de brillo que le hacen empeño al sol. Más yo, porque ya sé que quiero un lugar no muy grande, sino el suficiente para al final del día poner mi cuerpo al descanso y la satisfacción de saberme encaminada. Menos ella, porque al fin y al cabo, no fueron años, sino varios los días que se demoró la frase que me hoy me da tranquilidad. Supongo que no es una lista regular, pero son las metas que yo sobrepuse a ella; al ser más yo, y menos ella.
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Una bicicleta, una casa (y su respectivo olor), un libro, un árbol, poder moverme, escuchar (te) y ver, todo lo que se pueda, ver.- 
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viernes, 7 de diciembre de 2012

puedo?

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no me gusta acá, no me gusta esta gente, no me gusta ir, volver, venirme, caminar, hablar.- Puedo volver, no hablaré,no me veré, no me moveré, sólo dormiré.
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sábado, 1 de diciembre de 2012

comunicado de PrENsA


Todos estuvieron, todos aplaudieron, menos quien con un aplauso acústico, a capella, atendió cada noche de ensayo en suma atención. Quien se sentó a su lado en un sillón y solo miró, con oído firme lo que hoy es de reparto común. No dejó de ser especial, es solo el orgullo de quien ya no le corresponde más.
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Felicitaciones, siempre es mejor para el artista una montón de aplausos, en vez de uno solo.-
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y para mí tu música es nostalgia
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