sábado, 5 de octubre de 2013

Carta abierta, sin papel ni lápiz

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Hoy cociné, y, bueno puse un plato de extra. Yo doy comida como abrazo, y viceversa, si no le doy comida y también lo llego a privar de abrazos es porque, no lo sé, siempre doy comida y abrazos, menos a ti.
Han pasado los días y comencé contándolos y ya no, pero miré y ya son cuatro, cuatro los años y he trabajado complejo, duro, y soy una buena persona, sí que lo soy, y merezco mi casa, tu ropa desordenada, mi mala forma de hacer la cama, tu buena forma de hacerla, el plato de comida para dos, la sopa que me hiciste la única vez que me enfermé, los mil quinientos tés que hice cuando tú enfermabas, el pan tostado, siempre hallulla (así se escribe hallulla?), sin ningún borde negro, y con el vaso de agua para que, bueno nunca supe para qué lo querías; me merezco eso, pero me merezco más.
Una vez escuché que la vida es muy corta para enamorarse más de una vez, yo ya lo hice una, y fue de ti, de nadie más, de las pestañas en las puse mi índice para que no despertaras de mal humor, y nunca despertaste de mal humor; de las pastillas que tuve que romper, cuando enfermaste, por mi culpa, por mi culpa, por mi bendita culpa (eso lo escuché cuando me obligaste a ir a misa), de tus ganas de comer, de mi poco apetito, de mi estuche de maquillaje que no te gustaba por el olor a producto estético. Tengo que dejar de oler las cosas, sobre todo a la gente, tengo que dejar de hacerlo.
Dejarte ir es complejo, quizás es fácil, pero por lo mismo es complejo, si lees hasta la coma, puedes darte cuenta que aun no sé explicarme muy bien, que, se me va en colleras ordenar las palabras para que pueda decir algo tan cortito. Lo siento.
No dejo mi amor por ti, es lo antecesor lo que dejo a buena voluntad de alguien más; nunca me llevaste al cine, ahora voy bastante, nunca me dejaste tomar café y comer chocolate, hoy ya me comí tres cuadrados de una barra. Ya no le cocino a nadie, y ya no doy abrazos, porque creo, te los dejé en prenda.

Ya no eres mi mejor amigo, menos mi mejor persona, solo eres el amor de mi vida.-
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viernes, 10 de mayo de 2013

quería decir que.. .

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No soy su amiga, no lo veo todos los días, no me siento a su lado, y parte de su rutina no he sido de hace varios años. No soy su compañía, no le veo por las mañanas, no sé si come, ni me entero de con quién habla.
No soy su amiga, pero de sentar a todos sus amigos en comunidad, ninguno sabría que al desayuno el huevo revuelto con jamón o queso no le puede faltar; que el día es bueno si es que hay de ambos en la mesa, y que siempre es té a tres cuartos de la taza en armonía con el vaso de agua fría; no soy su amiga, pero sé que duerme de costado y que su abuelo lo crió como un buen hombre.
Que es amable con las modas y que ha sido desde cantante aficionado, mago de un solo público hasta rapero cojonudo; pero no soy su amiga, porque de serlo, no estaría escribiendo de él, cuando hay alguien que con esmero me espera. No soy su amiga, pero hace un tiempo fui la mejor, en persona y corazón.
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Lo siento, lo siento mucho.-
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sábado, 13 de abril de 2013

los años que no pasan, pesan

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Saben por qué la gente como yo no envejece, porqué a los 27 me veo de 17 o quizás menos; saben cómo  me pude saltar diez años que al ojo mundano parecen como si hubiese dado un salto que no duró más de un par de segundos, saben cómo. Yo cargo angustia, hay otros que cargan angustias, yo sólo cargo una, pero es suficiente como para una piel lozana, cabellos largos y brillantes, pies de niña y manos que al mirarlas parecen que no han tocado nada.
La gente como yo, no envejece, porque estancó su vida en un segundo y no dejó que nada de lo que pasaba la marcara, ni con cicatrices, menos con arrugas; mis arrugas van dentro, mis heridas sangran a diario y no expelen sangre. Mi cansancio, ya es tanto, que me permite correr con un constante dolor en el pecho, dándome esa inquietud del último respiro, pero se torna burlesco al permitirme otro día más.
Yo no le permito a la vida ponerme expresión en el rostro, no le dejo lugar al recuerdo de anécdotas que dejen algo que contar, yo me quedé en los 21, porque mi historia pende del día en que lo conocí, y con esa cara y ese cuerpo me quedé, para esperarlo, quererlo, amarlo, sin que note a su regreso, el paso del tiempo, porque mi tiempo no pasa, pesa.
Yo me veo joven desde ese día, pero de acercarse bien, verá que en la oscuridad de mis ojeras tengo años, arrugas, heridas y cansancio que cuentan lo que yo no hago, en las palabras que me cuestan a diario.-
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No fui la más bonita, no fui la legal, menos la principal. Tampoco la última, menos la primera, la del gran apellido, la de la gran billetera, ciertamente no fui la más bella; era la de las mañanas cualquieras, la de la puerta cuando el frío aquejaba afuera, la de la hora de once, la del pan, la de los huevos al desayuno, la que no tenía futuro; la de las manos, las risas, la de lágrimas y prisas, la que se fue sin avisar; fui la que no se despidió, la que mintió, la que lloró, pero por sobre todo, fui la que no se maquilló, no se peinó, no se vistió, sólo te amó.-
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domingo, 24 de marzo de 2013

tres años y un día

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Esto se termina, porque los días fueron uno tras otro, y las mañanas eternas, los desayunos iguales, y el pijama que se compartía para el invierno, no entiende que el frío es mucho para una sola persona.
Esto se termina, no porque haga falta dar la cara, sino porque silenciaron las palabras y los tres años y un día se van a volver eternos; y yo, no quiero. Quiero verte, decirte, abrazarte y verte ir. Quiero que me dejes ir, tú a mí, por todo eso que dijiste a los tres años y un día desde que te vi morir.
Esto se termina, porque te lo pido en memoria de los días que según tú merecían respeto, esos que te costó tanto recobrar, esos que el odio te negó por bastante tiempo. Esto se termina, porque él no debió irse, al menos no porque yo no pude terminar esto antes.
Esto se termina como empezó, con risas, comidas y siestas.-
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jueves, 7 de marzo de 2013

p.-


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Soberano de mis días domingos, portero de las madrugadas en las que no duermo; propietario de mis horas a.m. Pan batido de los desayunos que no tomaba hasta su arribo. Invisible de lo cotidiano, empresario de las sorpresas y mis risas, de mi atención, del asombro y el oído a sus historias, a lo mucho que sabe, a todo lo que me enseña.
Amigo indispensable del abrazo que le negaron otros, mismo que le doy con una soltura que se ha ganado sin yo darme cuenta; a pulso de su aire de tranquilidad paternal, su olor a hora de sueño, y su beso en la frente.
Mis ocho contra sus ochenta, su bolso pesado lleno de trabajo al lado de mi mochila llena de chacharachas.-
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domingo, 3 de marzo de 2013

una falta de respeto


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La molesto cada cierto tiempo, cuando pasan un par de años; aunque a veces son meses solamente, pero le hago creer que es por culpa de ella. La verdad es que cuando me preguntó, que qué me había pasado, no tuve otra que responderle que me había perdido; pero no le dije que por eso la busco, porque si bien nunca supe si la amé, la amo, o la amaré, ella es la única que me trae de vuelta a mi versión más cómoda; ella es como yo, es como si le hubiese dejado o le hubiese enseñado de a poco cómo es estar triste todo el puto tiempo, y aun así a disfrutarlo, cómo vivir en una angustia permanente y aun así poder reír con poco o casi nada.
A ella, a quien le falto el respeto constantemente, por no quererla, no respetarla, cuando sólo supo enseñarme cómo andar por ahí, pasando todo por alto. A ella, a quien le debo más de una comida decente.
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Y cuando pasen los años, se van a encontrar en la calle, con las derrotas ya en el cuerpo, y sin nada que perder, con mucho que contar, y con los días en adelante.-